Muchas son las veces que juzgamos ser capaces de encontrar la seguridad que tanto necesitamos. Casi siempre no aceptamos la opinión de nadie y solo reconocemos nuestro error cuando no nos es posible aguantar las aflicciones y angustias.
Por Claudio Valerio
¿Sabemos para dónde estamos yendo y dónde estamos situados? Sabemos de la existencia de pedruscos; pero, ¿qué tan lejos están ellos de nosotros?… Las piedras existen y de nosotros depende evitarlas, escogiendo una dirección, o quitarlas y seguir por la misma senda.
Sigamos avanzando, sigamos insistiendo sin quejarnos y murmuraciones. No dejemos de insistir en llamamientos. Con algunas otras letanías, la escritora panameña nos expone el no retroceder por las adversidades.
Letanías
Ana Cristina Anguizola Núñez, Panamá
Me dirigen las piernas,
no tengo cabeza, soy un saco de huesos;
soy un tronco, un pescuezo que anda,
el síntoma de óbito.
Camino mis arrastrados pies
Hay lluvia en los rostros, la piel carcomida.
Hay gritos llenos de piedras;
otros se ahogan callados.
La rueda se mueve en el dosel del bosque.
-El morral de utopía pesa más que la muerte.
Camino mis arrastrados pies.
Estoy vestido con mi última herencia;
No tengo tristeza; no hay agua en mis ojos;
Leche fangosa toma mi hijo del pecho;
él llora;
la selva se traga su llanto.
Camino mis arrastrados pies
Por el sueño mis pies despiertan;
La peregrinación maldita se reanuda;
El campo de concentración es un albergue;
Espero todos los juicios;
la esperanza es mi dominatriz.
Camino mis arrastrados pies