Epitafios
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El Convidado de Piedra y un “Donjuán”
El hombre se burló de su epitafio y, en medio de las risas, habló con la estatua y la invitó esa noche a su casa
El Convidado de Piedra y un “Donjuán”

Allí terminó la broma y se disponían a comer cuando se escucharon fuertes golpes en la puerta. Sin necesidad de que le abriera, la estatua del comendador irrumpió en su casa y se sentó a la mesa, aterrorizando a todos.

Convidado de Piedra
En todos los tiempos existieron los cuentos populares que, por más que integran el mundo de la fantasía, son relatados con la pretensión de darlos por cientos. Una de las características de este tipo de narraciones es que siempre ocurrieron en el lugar donde se los cuenta, sea Buenos Aires, Montevideo, Paris o Johannesburgo. Por lo general, involucran a muertos que reviven y el escenario ideal es las inmediaciones de los cementerios.

En el caso que vamos a recordar, fue una historia que en Sevilla se atribuyó el comendador Gonzalo de Ulloa, quien se enteró de que un joven galán sedujo a su hija Inés, que era monja. Entonces, reto a duelo al seductor, jugándose a matar o morir por el honor de su hija. Y murió.

Pasaron los años y cierto día que el joven seductor visitó el cementerio, se topó con una tumba adornada con una estatua de una figura humana- la de Ulloa- más una lápida que decía:

Aquí aguarda del Señor,
el más leal caballero
la venganza de un traidor.

El hombre se burló de su epitafio y, en medio de las risas, habló con la estatua y la invitó esa noche a su casa. Horas más tarde, bromeaba con sus amigos sobre el hecho y hasta hizo servir vino en una copa alegando que tal vez el comendador Ulloa le seguía la humorada y aparecía.

Allí terminó la broma y se disponían a comer cuando se escucharon fuertes golpes en la puerta. Sin necesidad de que le abriera, la estatua del comendador irrumpió en su casa y se sentó a la mesa, aterrorizando a todos.

De las versiones que se han llevado al teatro, ofreciendo esta narración popular, ha sobresalido la que se atribuye al fraile mercedario Gabriel Téllez, conocido como Tirso de Molina: El burlador de Sevilla y convidado de piedra, del año 1630. Pasaron más de doscientos años y el dramaturgo José Zorrilla escribió Don Juan Tenorio, con el mismo argumento. En la obra de Zorrilla, Juan Tenorio se dirige a la estatua diciéndole:

Yo a nada tengo pavor
tú eres el más ofendido,
mas, si quieres, te convido
a cenar, Comendador.

Que no lo puedes hacer
creo, y es lo que me pesa;
mas, por mi parte, en la mesa
te haré un cubierto poner.

¿En que difieren las dos versiones que hemos mencionado? En los finales: si bien en los dos casos el momento culminante tiene lugar con la aparición de la estatua, en el que escribió el fraile, el galán pierde la vida. En el de Zorrilla, en cambio, la hija del comendador, Inés, salva al arrepentido Juan Tenorio.

Este relato y sus dos versiones clásicas han dado a nuestro vocabulario dos expresiones. Por un lado, “el convidado de piedra”, es decir, aquella persona que ha sido invitada a una reunión, pero no participa de la charla, no interviene o nadie quiere que intervenga, ya que fue convocada sólo porque hacía falta ocupar espacio. El otro termino que se sumó al habla corriente es el sinónimo de galán y seductor. Nos referimos al “donjuán”
Historia de Letras, Palabras y Frases – Daniel Balmaceda –Sudamericana – 2014

El Convidado de Piedra
«Convidado de piedra» es una expresión idiomática española que se refiere a una persona que asiste a un evento social o reunión, pero que no participa activamente o se siente fuera de lugar. Es como una presencia incómoda, un invitado que no encaja o que está allí solo de adorno.

La expresión tiene su origen en la obra de teatro «El burlador de Sevilla y convidado de piedra», escrita por Tirso de Molina. En la obra, Don Juan invita a la estatua del Comendador, a quien había matado, a cenar, y la estatua acepta la invitación y se presenta. Este personaje de la estatua, que aparece sin ser invitado y sin participar activamente en la cena, es el «convidado de piedra».

En resumen, «convidado de piedra» es una metáfora para describir a alguien que está presente pero no forma parte, alguien que se siente marginado o que es simplemente un observador pasivo en una situación.

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