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Popeye el Marino
Popeye masticaba espinacas eléctricas
Popeye el Marino

Texas atesora en su vasto y próspero territorio dos de las numerosas maravillas del  mundo: el rancho del Señor de la Guerra. George W. Bush, y la ciudad de Cristal City, capital nacional de la espinaca, donde se levanta un monumento a Popeye, su más notable consumidor y panegirista. De cómo y por qué el marino y la verdura asiática, rica en minerales y vitaminas, unieron sus destinos, debe juzgarse cuestión de alta política. Pasaron muchos años, el top secret aflojó y pueden contarse entretelones de la operación.

El encuentro fue, antes que nada, una cruzada patriótica fruto del planeamiento estratégico ejecutada al detalle por los servicios secretos al compás del Departamento de Estado. Las razones estaban sobradamente fundadas: el gobierno de los Estados Unidos necesitaban incrementar el consumo interno de vegetales, antes y durante la Segunda Guerra Mundial (1939/1945).

La idea respondía a incentivar el despegue de su política agrícola y preservar el stock ganadero en la previsible hambruna que sobrevendría al conflicto bélico. La previsión fue certera. Como nunca antes los precios de los alimentos estallaron en vértigo (la Argentina de fiesta) y se convirtieron en poderosa moneda geopolítica.

Popeye, con pinta de antihéroe, marinero de anclas tatuadas en los brazos, empedernido fumador de pipa, vegetariano, petiso, algo estrábico, vulgar y protestón, nació el 17 de enero de 1929 (en pleno derrumbe financiero) incorporado a la tira cómica Thimble Theatre, dibujado por Elzie Segar, en el The New York Evening Journal. Pronto se ganó su lugar. Cuando quisieron desplazarlo, una avalancha de cartas apoyó la continuidad del personaje que, a partir de allí, tuvo espacio propio. De todos modos nadie podía imaginar que al comienzo de los años 40 superaría la fama de Mickey Mouse. Mucho menos que inspiraba un film musical en 1980, dirigido por Robert Altman y protagonizado por Robin Williams.

El personaje, leal con sus amigos hasta el fin, con un estricto sentido de lo correcto y lo incorrecto (al estilo cowboy), llegó al dibujo animado y al cine en 1933. Y de allí a la televisión de la mano del productor, dibujante y guionista Sam Fleiser. Competía todo el tiempo con Brutus por el amor de la flaca Olivia, ese era el eje de la historia, Hasta entonces sólo había engullido espinacas esporádicamente y era fuerte por sí mismo sin suplementos vitamínicos.

Pero llegado al momento de su acto de servicio a la patria aparecieron los nuevos atributos del vegetal y comenzó a confiar en las fuerzas sobrehumanas que le daba comerlo. La espinaca lo convertía en un superhombre. En poco tiempo, para asombro incluso de quienes estaban en la cocina del asunto, la venta de espinacas incrementó su volumen en un 30 por ciento. Los productores agradecidos. Como negarle entonces un monumento al inductor del fenómeno.

Para sorpresa de grandes y niños, de hijos y entenados, de estrategias y del respetable público, la espinaca sigue sorprendiendo. No se rinde a los laureles bien ganados; vuelve al ataque. Tal vez esté otra vez impulsada por alguna inconfesable razón de Estado. Podría pensarse con legítima maledicencia; o quizá se trate simplemente de un generoso avance científico. Lo cierto es que, según se anuncia, un buen licuado de espinacas permite extraer la energía que la planta obtiene de la luz en al proceso de fotosíntesis y convertiría en corriente eléctrica.

En etapa experimental la fuerza obtenida se usa para extender la vida de pilas de teléfonos celulares, computadoras portátiles es y otros dispositivos electrónicos. Detrás de la investigación están el Instituto de Tecnología de Massachusetts, la Universidad de Tennessee, el Laboratorio de Investigaciones de la Armada de los Estados Unidos (Popeye fue su agente, sin dudas) y la Agencia de Proyectos Avanzados. El descubrimiento, se dice en ámbitos académicos, derriba las barreras que hay entre la naturaleza y la tecnología.

Hubo que esperar hasta estos tiempos de aviones diez veces más veloces que el sonido, alimentados a oxígeno, para conocer el secreto de Popeye: las espinacas masticadas, fuente de vitalidad sobrenatural, eran eléctricas. Quien mejor guardó el soplo, y se entiende claro, fue Oliva.
Debate- 26-11-04- Por Lorenzo Amengual

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